sábado, 8 de diciembre de 2012

La Importancia del Rock en $hile


El rol de la música a lo largo de la historia ha sido profundamente relevante para entender mundo en el que vivimos, así la música puede presentarse como una crítica ferviente a la sociedad en la que se vive o también como una manera de perpetuarla, esto es muy tangible, por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, donde las  canciones de Vera Lynn, una cantante inglesa que en pleno conflicto cantaba sobre el regreso de los soldados a sus hogares  y que serían todos felices otra vez; nada más lejano a la realidad, en la cual muchos no volvieron y los que sí lograron hacerlo lo hicieron con terribles secuelas producidas por la guerra.
Pero este ensayo apunta a algo más específico: al rol de la música Rock en la sociedad chilena. A partir de esto surge una interrogante ¿Describe el rock el acontecer nacional de la sociedad chilena? Y, a la base, una problemática, ¿La música, en especial el rock, es lo suficientemente importante como para generar un movimiento social, un cambio de ideas, una influencia directa en la gente, etc.?


La música era parte fundamental de la identidad del país hasta que con la dictadura militar sufrimos un estancamiento increíble con lo que a las artes se refiere. La nula libertad de expresión permitió un escenario musical sumamente escaso en la época; la música radial estaba limitada a Luis Miguel e intérpretes de esa índole, que no hacían más que disfrazar un acontecer nacional terrible, donde muchos de chilenos eran asesinados cotidianamente. Asimismo, en la época había personalidades musicales contrarias al régimen que fueron perseguidas, exiliadas e incluso asesinadas (un ejemplo claro de esto es Víctor Jara). Estas agrupaciones y personas representaban una amenaza indudable para Pinochet y sus secuaces debido a que la propuesta musical y, sobre todo,  las letras, invitaban a las personas a criticar al régimen, a sentarse a pensar que la sociedad en la que se vivía no era una sociedad tan buena como se plantaba día a día en la TV a través de los programas como Sábado Gigante, que en definitiva esta aparente “felicidad televisiva”, disfrazaba pobreza, miseria y quizás lo más terrible, un profundo miedo. Esto queda expresado obviamente en las canciones de diversos grupos, como lo son Inti Illimani, Sol y Lluvia, Quilapayún, entre tantos otros. Pero también esto se expresa en movimientos de más bajo perfil, de carácter underground pertenecientes a la gama de sonidos asociados al rock, como lo era el movimiento metalero en la década de los 80, cuyas letras y pensamientos eran contrarios a la dictadura militar, recordando que, a diferencia de otros países, el metal chileno se desarrolló principalmente en los barrios altos de nuestro país; desde donde emergieron los integrantes de las bandas más reconocidas de la escena, produciéndose una aparente paradoja entre la representación de la clase más acomodada con un profundo sentido crítico, expresando en las letras una permanente crítica y  disgusto por la sociedad en la que vivían, aduciendo especialmente los tópicos de la falta de libertades individuales, la nula libertad de expresión y por la represión que vivían en carne propia. Para  muchos la contradicción entre “clase alta” y “sentido de rebelión” es insoslayable, lo que no deja de tener cierta razón, en tanto la rebeldía en los círculos metaleros chilenos se sustentaba muchas veces en discursos aprendidos que apuntaban más bien a potenciar la imagen del “más rudo” o el “más choro”,  esto debido a una audiencia bastante inculta y conformista con la realidad política que enfrentaba el país, haciendo críticas más bien banales al sistema, considerando las grandes atrocidades que en materia de derechos humanos sufría el país. Desde este contexto, abundaban alusiones a la necesidad de “carretear” más y el impedimento que ejercía el “toque de queda” a este fin o que las fuerzas de orden público les impedían hacer los recitales.

Como conclusión acerca de la importancia del metal chileno en contra de la dictadura militar, podríamos decir que si bien criticaba al sistema de vida impuesto por el sistema, eran críticas más bien superficiales a un sistema con muchos más defectos y arbitrariedades, lo que pudiera suponerse estaría vinculado al lugar socio-económico de origen de los diversos integrantes de las bandas y a su escasa madurez  política para incorporar temas de relevancia nacional en sus canciones.

Desde otro ámbito, observamos a una banda increíblemente relevante en la situación política de la época: “Los Prisioneros”, agrupación internacionalmente conocida, cuyas canciones presentaban críticas -explicitas e implícitas-  en contra de la dictadura de Pinochet, ejemplos de esto son “Sábado en la noche”, “La voz de los 80”, “El baile de los que sobran”, entre otras muchas otras. Esta agrupación oriunda de la comuna de San Miguel tuvo una inusitada importancia en la juventud de la época, siendo para muchos la primera música “contestataria” que escucharon,  abriéndoles las puertas a ideas que, por uno u otro motivo, les eran desconocidas. La masividad de Los Prisioneros logró llegar a gente que no tenía la posibilidad de debatir o tener ideas contrarias a la dictadura, influyendo en la generación de ideas y posiciones contrarias a la dictadura, especialmente acogida en las clases medias y bajas de nuestro país, clases que por lo demás representaban a la gran mayoría de los jóvenes. 
En este sentido, el fenómeno de Los Prisioneros, representa la idea de cómo el rock contribuyó en la creación de una sociedad más informada, aunque sea parcialmente, sobre el acontecer del país.

Otro movimiento musical importante dentro de la dictadura es el punk, si bien fue menos masivo que el metal, llegó a gente de menos recursos y les propuso, a través de “una música fácil” poder decir lo que pensaban, lo que sentían. El punk en Chile durante la dictadura fue un movimiento subterráneo, sin grandes conciertos ni bandas emblemáticas, pero con un fuerte mensaje político y social, ejemplos de esto hay varios, destacando los “Pinochet Boys”, cuyo nombre ya permitía relacionarlos con un estilo completamente contrario a la figura que comandaba el país en esos días. Las letras del punk eran directas, violentas incluso. Este movimiento tuvo gran presencia en las acciones directas que se ejercían contra el régimen: marchas, en los barrios bajos, en los cortes de calle, en las barricadas. Cabe destacar que la música de esos años influenció también a las posteriores bandas chilenas de punk. Vemos aquí como una música sencilla y directa se puso al servicio de los que no eran tomados en cuenta, de los “invisibles del sistema”, de los “sin voz” y les permitió un medio de expresión a su alcance, aunque sin la repercusión mediática necesaria para generar un cambio social de mayor trascendencia.

Aunque, no toda la música era contraria a la dictadura, sí dentro del Rock  se observa que no existían bandas que prestaran su apoyo, al menos mediáticamente, al régimen. Se puede presumir que es por el miedo de ser estigmatizados o simplemente porque dentro de los círculos musicales “rockeros” el régimen no contaba con mucho apoyo, sea cual sea la razón, el resultado es el mismo: el nulo apoyo que tenía la dictadura en la música que se hacía en esa época en Chile.

Casi al final de la dictadura hay un hito ligado a la música Rock que  para algunos marcó el comienzo del fin de este régimen en Chile, la recordada noche en que Faith No More se presentó en el Festival de Viña del Mar; meses antes de que Pinochet le entregara la banda presidencial a Patricio Aylwin, la banda de Mike Patton se presentó frente a un público atónito que no los conocía. Y algo increíble pasó: algunos sintieron que era el inicio  de la apertura cultural que el país no había vivido en muchos años; que una banda “gringa” llegue y haga el acto que hizo Faith No More, era algo que no se había visto nunca en Chile, el hito que eso representó es muy importante, significaba, para algunos, el fin de la persecución a la libertad de expresión en Chile; significa la apertura a la música y a las artes; significaba una catarsis que generó más tarde la devoción de los chilenos por Faith No More. Y no era para menos, que una banda así, venga a Chile a un festival en el cual antes sólo había Luis Miguel y artistas de esa índole representaba mucho. Y lo sigue haciendo, produjo un quiebre entre un antes y un después: se abrieron las puertas de Chile para los artistas… o eso se creía.

Menos de un año después de ese hecho histórico, se prohíbe la entrada al país a la mundialmente famosa banda de Heavy Metal, Iron Maiden, esto debido a que la iglesia católica presionara al gobierno de Patricio Aylwin para no dejarlos tocar, por considerarlos satánicos y una mala influencia para los jóvenes chilenos. En palabras de Humberto Lagos, asesor de temas religiosos del gobierno de la época, se puede reproducir esta tesis: “Aparece siendo un grupo que promueve conductas relacionadas con el satanismo…”. Por supuesto que los medios de comunicación festinaron con esto, mostrando diversas notas haciendo eco de los dichos del señor Humberto Lagos, clasificando a Iron Maiden como una banda casi delictual. La polémica fue tanta que incluso debió pronunciarse el Ministro del Interior de ese entonces, Belisario Velasco, quien realizó declaraciones que señalaban  que permitirían la llegada al país de la banda siempre y cuando no afectaran a las buenas costumbres del país. Finalmente, puestas todas las dificultades por parte de la iglesia, llegando incluso a hacer presión para que la reservación del local arrendado les fuera cancelada y no dejar a la banda presentar su show en otro escenario, el concierto no se realizó. El grupo Iron Maiden se refirió al tema diciendo: “En Chile aún se vive en la edad media”. Este hecho es considerado un bochorno para la agrupación de Heavy Metal y para los expertos de música del país. Representando que si bien la dictadura se había acabado, aún seguía presente en la sociedad chilena una mentalidad retrograda y reticente a los cambios culturales que ocurrían en el mundo, demostrando inequívocamente la nula tolerancia de los sectores más conservadores de la sociedad chilena y lo que es más preocupante aún, su extrema ignorancia con respecto a cómo desenvolverse en un país en el cual ya había, supuestamente, libertad. Cómo dato anecdótico, la banda Death se presentó meses después en Chile, siendo esta una agrupación con letras mucho más fuertes y considerables “satánicas” que Iron Maiden.

El fin definitivo de la dictadura permitió una libertad que hace mucho no se veía en el país, dando inicio a una gran oleada de expresiones artísticas, entre ellas la música. Los espacios eran masivamente ocupados, habían muchos más conciertos, se formaron muchas bandas, la escena musical chilena creció y mejoró en calidad.

En los 2000s el rock se hizo masivo; la cartelera se plagó de conciertos, se abrieron revistas y tiendas especializadas, se generaron festivales de origen chileno, así como también se replicaron otros extranjeros (Lollapalooza), se sacaron discos con nivel internacional, las bandas comenzaron a hacer giras internacionales, etc. Esto trajo y ha traído grandes dividendos a la escena musical y a los propios músicos, pero también ciertos inconvenientes, como la casi nula conectividad de los artistas con sus oyentes, la pérdida del “amor a la música”, la “comercialización” de las agrupaciones y diversas situaciones ligadas a la masificación de la música. La nueva era digital de la música hizo que esta fuera más personal que grupal y llevó a perder el sentido de comunidad que rodeaba a ésta, en estos momentos cualquier persona con un instrumento y un computador de relativa calidad puede grabar música. Los estudios, las salas de ensayo, el juntarse a hablar de música, el intercambio de discos y la cooperación entre bandas quedó en el pasado; ahora gracias a la tecnología cada uno puede producir con sus propios aparatos, puede escuchar la música que quiera. La comercialización y masificación de la escena “rockera” chilena hizo que esta perdiera su esencia, que dejara de ser una escena y se transformara solo en un conjunto de bandas que no tienen relación una con la otra. Acá se puede generar una comparación con todos los aspectos de la sociedad, el cada vez más individualismo del hombre, que ve solo por él y no se preocupa por las necesidad de los demás, el que está encerrado en su burbuja y no se preocupa por lo que sucede a su alrededor.

A través de esta reflexión se pueden resolver ambas preguntas planteadas en un principio: Uno, si bien el rock en algún momento pudo describir lo que pasaba en el país ahora no pasa lo mismo debido a la inmensa cantidad de bandas presentes en el país y la escasa relación entre ellas, cada uno tiene una visión completamente distinta de la del resto, no se comparten nexos ni nada, ni siquiera vemos un estilo dominante, como por ejemplo el caso del “Grunge” en los 90’ en EEUU, que mostraba la profunda depresión que los jóvenes sufrían por una sociedad que no los tomaba en cuenta; en Chile ahora no hay nada de eso, no hay un movimiento común, todos tomaron caminos distintos. Pero sí demuestra no un sentido común de la población, si no el que la mayoría de ellos tiende a ser individual, la escena rockera demuestra que cada vez las personas se preocupan menos por los demás y solo están interesados en sus propios problemas e intereses. Dos, el rock a generado cambios increíbles a lo largo de la historia; la aceptación de la población negra a través del Blues, el cambio de estilo de la vestimenta y pensamiento de la gente gracias al Rock And Roll, el espíritu de paz y amor gracias a la oleada de la Psicodelia y los músicos de los 60, el cambio de mentalidad y paradigmas en la sociedad en los 70 por parte del Punk, etc. Pero, en los años 2000s al haber tanta cantidad de música disponible para ser escuchada esto no sucede; hay demasiadas bandas, demasiados estilos, demasiados subgéneros y demasiados artistas lo que hace imposible que de estos se saque un movimiento común, o una ideología similar. Cualquiera puede plantearse ahora hacer música y esto genera un espectro de pensamientos e ideologías mucho más amplio que lo que pasaba en las décadas pasadas. Sí bien aún la música influye en la gente hay mucho más de donde ser influenciado lo que genera los “cruces” de estilos, las mezclas y la no identificación con ninguno de ellos si no con elementos de diversos estilos.

El Rock se ha hecho tan amplio que es imposible limitarlo a sólo una ideología o un tipo de pensamiento, la música es cada vez más global, cada vez más accesible a la gente, lo que hace posible una mayor diversidad en esta.

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