El rol de la música a lo largo de la historia ha sido
profundamente relevante para entender mundo en el que vivimos, así la música
puede presentarse como una crítica ferviente a la sociedad en la que se vive o
también como una manera de perpetuarla, esto es muy tangible, por ejemplo, en
la Segunda Guerra Mundial, donde las
canciones de Vera Lynn, una cantante inglesa que en pleno conflicto
cantaba sobre el regreso de los soldados a sus hogares y que serían todos felices otra vez; nada más
lejano a la realidad, en la cual muchos no volvieron y los que sí lograron hacerlo
lo hicieron con terribles secuelas producidas por la guerra.
Pero este ensayo apunta a algo más específico: al rol
de la música Rock en la sociedad chilena. A partir de esto surge una
interrogante ¿Describe el rock el acontecer nacional de la sociedad chilena? Y,
a la base, una problemática, ¿La música, en especial el rock, es lo
suficientemente importante como para generar un movimiento social, un cambio de
ideas, una influencia directa en la gente, etc.?
La música era parte fundamental de la identidad del
país hasta que con la dictadura militar sufrimos un estancamiento increíble con
lo que a las artes se refiere. La nula libertad de expresión permitió un
escenario musical sumamente escaso en la época; la música radial estaba
limitada a Luis Miguel e intérpretes de esa índole, que no hacían más que
disfrazar un acontecer nacional terrible, donde muchos de chilenos eran
asesinados cotidianamente. Asimismo, en la época había personalidades musicales
contrarias al régimen que fueron perseguidas, exiliadas e incluso asesinadas
(un ejemplo claro de esto es Víctor Jara). Estas agrupaciones y personas representaban
una amenaza indudable para Pinochet y sus secuaces debido a que la propuesta
musical y, sobre todo, las letras,
invitaban a las personas a criticar al régimen, a sentarse a pensar que la
sociedad en la que se vivía no era una sociedad tan buena como se plantaba día
a día en la TV a través de los programas como Sábado Gigante, que en definitiva
esta aparente “felicidad televisiva”, disfrazaba pobreza, miseria y quizás lo
más terrible, un profundo miedo. Esto queda expresado obviamente en las
canciones de diversos grupos, como lo son Inti Illimani, Sol y Lluvia,
Quilapayún, entre tantos otros. Pero también esto se expresa en movimientos de
más bajo perfil, de carácter underground
pertenecientes a la gama de sonidos asociados al rock, como lo era el
movimiento metalero en la década de los 80, cuyas letras y pensamientos eran contrarios
a la dictadura militar, recordando que, a diferencia de otros países, el metal
chileno se desarrolló principalmente en los barrios altos de nuestro país; desde
donde emergieron los integrantes de las bandas más reconocidas de la escena,
produciéndose una aparente paradoja entre la representación de la clase más
acomodada con un profundo sentido crítico, expresando en las letras una
permanente crítica y disgusto por la
sociedad en la que vivían, aduciendo especialmente los tópicos de la falta de
libertades individuales, la nula libertad de expresión y por la represión que
vivían en carne propia. Para muchos la
contradicción entre “clase alta” y “sentido de rebelión” es insoslayable, lo
que no deja de tener cierta razón, en tanto la rebeldía en los círculos metaleros
chilenos se sustentaba muchas veces en discursos aprendidos que apuntaban más
bien a potenciar la imagen del “más rudo” o el “más choro”, esto debido a una audiencia bastante inculta y
conformista con la realidad política que enfrentaba el país, haciendo críticas
más bien banales al sistema, considerando las grandes atrocidades que en
materia de derechos humanos sufría el país. Desde este contexto, abundaban
alusiones a la necesidad de “carretear” más y el impedimento que ejercía el
“toque de queda” a este fin o que las fuerzas de orden público les impedían
hacer los recitales.
Como conclusión acerca de la importancia del metal
chileno en contra de la dictadura militar, podríamos decir que si bien
criticaba al sistema de vida impuesto por el sistema, eran críticas más bien
superficiales a un sistema con muchos más defectos y arbitrariedades, lo que
pudiera suponerse estaría vinculado al lugar socio-económico de origen de los
diversos integrantes de las bandas y a su escasa madurez política para incorporar temas de relevancia
nacional en sus canciones.
Desde otro ámbito, observamos a una banda
increíblemente relevante en la situación política de la época: “Los Prisioneros”,
agrupación internacionalmente conocida, cuyas canciones presentaban críticas -explicitas
e implícitas- en contra de la dictadura
de Pinochet, ejemplos de esto son “Sábado
en la noche”, “La voz de los 80”,
“El baile de los que sobran”, entre
otras muchas otras. Esta agrupación oriunda de la comuna de San Miguel tuvo una
inusitada importancia en la juventud de la época, siendo para muchos la primera
música “contestataria” que escucharon, abriéndoles las puertas a ideas que, por uno u
otro motivo, les eran desconocidas. La masividad de Los Prisioneros logró llegar
a gente que no tenía la posibilidad de debatir o tener ideas contrarias a la
dictadura, influyendo en la generación de ideas y posiciones contrarias a la
dictadura, especialmente acogida en las clases medias y bajas de nuestro país,
clases que por lo demás representaban a la gran mayoría de los jóvenes.
En este sentido, el fenómeno de Los Prisioneros, representa
la idea de cómo el rock contribuyó en la creación de una sociedad más
informada, aunque sea parcialmente, sobre el acontecer del país.
Otro movimiento musical importante dentro de la
dictadura es el punk, si bien fue menos masivo que el metal, llegó a gente de
menos recursos y les propuso, a través de “una música fácil” poder decir lo que
pensaban, lo que sentían. El punk en Chile durante la dictadura fue un
movimiento subterráneo, sin grandes conciertos ni bandas emblemáticas, pero con
un fuerte mensaje político y social, ejemplos de esto hay varios, destacando
los “Pinochet Boys”, cuyo nombre ya permitía relacionarlos con un estilo
completamente contrario a la figura que comandaba el país en esos días. Las
letras del punk eran directas, violentas incluso. Este movimiento tuvo gran
presencia en las acciones directas que se ejercían contra el régimen: marchas, en
los barrios bajos, en los cortes de calle, en las barricadas. Cabe destacar que
la música de esos años influenció también a las posteriores bandas chilenas de
punk. Vemos aquí como una música sencilla y directa se puso al servicio de los
que no eran tomados en cuenta, de los “invisibles del sistema”, de los “sin
voz” y les permitió un medio de expresión a su alcance, aunque sin la
repercusión mediática necesaria para generar un cambio social de mayor
trascendencia.
Aunque, no toda la música era contraria a la dictadura,
sí dentro del Rock se observa que no
existían bandas que prestaran su apoyo, al menos mediáticamente, al régimen. Se
puede presumir que es por el miedo de ser estigmatizados o simplemente porque
dentro de los círculos musicales “rockeros” el régimen no contaba con mucho
apoyo, sea cual sea la razón, el resultado es el mismo: el nulo apoyo que tenía
la dictadura en la música que se hacía en esa época en Chile.
Casi al final de la dictadura hay un hito ligado a la
música Rock que para algunos marcó el
comienzo del fin de este régimen en Chile, la recordada noche en que Faith No
More se presentó en el Festival de Viña del Mar; meses antes de que Pinochet le
entregara la banda presidencial a Patricio Aylwin, la banda de Mike Patton se
presentó frente a un público atónito que no los conocía. Y algo increíble pasó:
algunos sintieron que era el inicio de
la apertura cultural que el país no había vivido en muchos años; que una banda
“gringa” llegue y haga el acto que hizo Faith No More, era algo que no se había
visto nunca en Chile, el hito que eso representó es muy importante, significaba,
para algunos, el fin de la persecución a la libertad de expresión en Chile;
significa la apertura a la música y a las artes; significaba una catarsis que
generó más tarde la devoción de los chilenos por Faith No More. Y no era para
menos, que una banda así, venga a Chile a un festival en el cual antes sólo
había Luis Miguel y artistas de esa índole representaba mucho. Y lo sigue
haciendo, produjo un quiebre entre un antes y un después: se abrieron las
puertas de Chile para los artistas… o eso se creía.
Menos de un año después de ese hecho histórico, se
prohíbe la entrada al país a la mundialmente famosa banda de Heavy Metal, Iron
Maiden, esto debido a que la iglesia católica presionara al gobierno de
Patricio Aylwin para no dejarlos tocar, por considerarlos satánicos y una mala
influencia para los jóvenes chilenos. En palabras de Humberto Lagos, asesor de
temas religiosos del gobierno de la época, se puede reproducir esta tesis: “Aparece siendo un grupo que promueve
conductas relacionadas con el satanismo…”. Por supuesto que los medios de
comunicación festinaron con esto, mostrando diversas notas haciendo eco de los
dichos del señor Humberto Lagos, clasificando a Iron Maiden como una banda casi
delictual. La polémica fue tanta que incluso debió pronunciarse el Ministro del
Interior de ese entonces, Belisario Velasco, quien realizó declaraciones que
señalaban que permitirían la llegada al
país de la banda siempre y cuando no afectaran a las buenas costumbres del
país. Finalmente, puestas todas las dificultades por parte de la iglesia,
llegando incluso a hacer presión para que la reservación del local arrendado
les fuera cancelada y no dejar a la banda presentar su show en otro escenario,
el concierto no se realizó. El grupo Iron Maiden se refirió al tema diciendo: “En Chile aún se vive en la edad media”.
Este hecho es considerado un bochorno para la agrupación de Heavy Metal y para
los expertos de música del país. Representando que si bien la dictadura se
había acabado, aún seguía presente en la sociedad chilena una mentalidad
retrograda y reticente a los cambios culturales que ocurrían en el mundo, demostrando
inequívocamente la nula tolerancia de los sectores más conservadores de la
sociedad chilena y lo que es más preocupante aún, su extrema ignorancia con
respecto a cómo desenvolverse en un país en el cual ya había, supuestamente,
libertad. Cómo dato anecdótico, la banda Death se presentó meses después en
Chile, siendo esta una agrupación con letras mucho más fuertes y considerables
“satánicas” que Iron Maiden.
El fin definitivo de la dictadura permitió una
libertad que hace mucho no se veía en el país, dando inicio a una gran oleada
de expresiones artísticas, entre ellas la música. Los espacios eran masivamente
ocupados, habían muchos más conciertos, se formaron muchas bandas, la escena
musical chilena creció y mejoró en calidad.
En los 2000s el rock se hizo masivo; la cartelera se
plagó de conciertos, se abrieron revistas y tiendas especializadas, se
generaron festivales de origen chileno, así como también se replicaron otros
extranjeros (Lollapalooza), se sacaron discos con nivel internacional, las
bandas comenzaron a hacer giras internacionales, etc. Esto trajo y ha traído
grandes dividendos a la escena musical y a los propios músicos, pero también
ciertos inconvenientes, como la casi nula conectividad de los artistas con sus
oyentes, la pérdida del “amor a la música”, la “comercialización” de las
agrupaciones y diversas situaciones ligadas a la masificación de la música. La
nueva era digital de la música hizo que esta fuera más personal que grupal y
llevó a perder el sentido de comunidad que rodeaba a ésta, en estos momentos
cualquier persona con un instrumento y un computador de relativa calidad puede
grabar música. Los estudios, las salas de ensayo, el juntarse a hablar de
música, el intercambio de discos y la cooperación entre bandas quedó en el
pasado; ahora gracias a la tecnología cada uno puede producir con sus propios
aparatos, puede escuchar la música que quiera. La comercialización y
masificación de la escena “rockera” chilena hizo que esta perdiera su esencia,
que dejara de ser una escena y se transformara solo en un conjunto de bandas
que no tienen relación una con la otra. Acá se puede generar una comparación
con todos los aspectos de la sociedad, el cada vez más individualismo del
hombre, que ve solo por él y no se preocupa por las necesidad de los demás, el
que está encerrado en su burbuja y no se preocupa por lo que sucede a su
alrededor.
A través de esta reflexión se pueden resolver ambas
preguntas planteadas en un principio: Uno, si bien el rock en algún momento
pudo describir lo que pasaba en el país ahora no pasa lo mismo debido a la
inmensa cantidad de bandas presentes en el país y la escasa relación entre
ellas, cada uno tiene una visión completamente distinta de la del resto, no se
comparten nexos ni nada, ni siquiera vemos un estilo dominante, como por
ejemplo el caso del “Grunge” en los 90’ en EEUU, que mostraba la profunda
depresión que los jóvenes sufrían por una sociedad que no los tomaba en cuenta;
en Chile ahora no hay nada de eso, no hay un movimiento común, todos tomaron
caminos distintos. Pero sí demuestra no un sentido común de la población, si no
el que la mayoría de ellos tiende a ser individual, la escena rockera demuestra
que cada vez las personas se preocupan menos por los demás y solo están
interesados en sus propios problemas e intereses. Dos, el rock a generado
cambios increíbles a lo largo de la historia; la aceptación de la población
negra a través del Blues, el cambio de estilo de la vestimenta y pensamiento de
la gente gracias al Rock And Roll, el espíritu de paz y amor gracias a la
oleada de la Psicodelia y los músicos de los 60, el cambio de mentalidad y
paradigmas en la sociedad en los 70 por parte del Punk, etc. Pero, en los años 2000s al haber tanta cantidad de música disponible
para ser escuchada esto no sucede; hay demasiadas bandas, demasiados estilos,
demasiados subgéneros y demasiados artistas lo que hace imposible que de estos
se saque un movimiento común, o una ideología similar. Cualquiera puede
plantearse ahora hacer música y esto genera un espectro de pensamientos e
ideologías mucho más amplio que lo que pasaba en las décadas pasadas. Sí bien
aún la música influye en la gente hay mucho más de donde ser influenciado lo
que genera los “cruces” de estilos, las mezclas y la no identificación con ninguno
de ellos si no con elementos de diversos estilos.
El Rock se ha hecho tan amplio que es imposible
limitarlo a sólo una ideología o un tipo de pensamiento, la música es cada vez
más global, cada vez más accesible a la gente, lo que hace posible una mayor
diversidad en esta.
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